El peronismo y la Iglesia Católica

L. CAIMARI

“El peronismo y la Iglesia Católica”

El peronismo es el movimiento político más católico de la historia contemporánea argentina, pero también el que más conflictos tiene con la Iglesia y los católicos. “El propósito de este capítulo es recorrer la historia de esta relación examinando la peculiar articulación del peronismo histórico a la tradición católica, así como algunos aspectos de las relaciones del Estado peronista con la Iglesia que pueden brindar claves para comprender el inexplicable salto de la estrecha asociación de 1945 al conflicto radical de 1955” [Caimari: 444].

Durante la primera presidencia de Perón, se lleva a cabo una recristianización de la sociedad argentina, a través de, por ejemplo: la introducción por decreto de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas [1943 – hito de la alianza Iglesia-Estado]; la expansión del presupuesto para “Culto”; la transferencia de gastos institucionales de la Iglesia al Estado; la duplicación del número de cargos eclesiásticos mantenidos con fondos oficiales y el aumento de los salarios pagados por el Estado; beneficio del aguinaldo al personal eclesiástico; medidas para limitar las libertades de cultos no católicos. Pese a ello, la Iglesia no es tan fuerte como parece; “(…) si bien la infraestructura básica de la institución experimentaba innegables mejoras (…) ésta seguía todavía lejos de los espectaculares avances simbólicos de la religión en el espacio público” [Caimari: 454]. Es evidente, entonces, que el apoyo de la jerarquía eclesiástica al peronismo está dado porque la evolución del movimiento es un signo prometedor para la salud institucional de la Iglesia.

La alianza tiene importantes costos políticos tanto para Perón como para el Episcopado. Para el primero, representa un punto de choque con sus bases laboristas, de fuerte tradición anticlerical. Los obispos sacrifican acercamientos tradicionales con las grandes familias que lideran la Sociedad Beneficiaria de la Capital.

“Hacia 1949, la enorme mayoría de partidarios y opositores del peronismo, católicos y anticlericales, estaban convencidos de que, para bien o para mal, el gobierno y la Iglesia trabajaban en estrecha colaboración. Peronismo y catolicismo estaban ligados por infinidad de lazos, espirituales y materiales” [Caimari: 456]. Sin embargo, hay un gran ausente en la “fiesta católico-peronista”: Perón. No es parte visible de las iniciativas católicas más populares; su atención está concentrada en temas más apremiantes. Esta actitud sumada a algunas de sus declaraciones a favor de una Iglesia despojada de sus bienes, en sintonía con el camino popular que el peronismo va trazando en la sociedad argentina [“Es mejor y más conveniente para la vida del Estado, como para la de la Iglesia, volver a las costumbres sencillas”, Perón dixit], permiten entrever un deseo de autonomía religiosa. A medida que su situación de poder se afirma y que el proyecto de unificación espiritual se hace posible, Perón deja de presentarse como el continuador de tradiciones nacionales preexistentes.

Desde 1950, se desarrolla un nuevo discurso religioso oficial: el “cristianismo peronista”, definido como una religión popular, desinteresada en las formas pero fiel a la esencia social del mensaje cristiano; de naturaleza fundamentalmente popular, simboliza una vuelta a los principios olvidados del cristianismo original. Es el remedio contra una Iglesia que “estaba dominada por un clero concentrado en intereses puramente materiales y (…) creyentes católicos <que> profesaban una religión formal y superficial” [Caimari: 461]. La relación Iglesia-Estado se modifica drásticamente: la imposibilidad y negación de la Iglesia para peronizarse (por la naturaleza misma de la institución) es tomado por Perón como un signo de ingratitud ante los cuantiosos beneficios que recibía. Así, para el binomio 1954-55 el gobierno y el Episcopado se ven involucrados en un conflicto de proporciones escandalosas. Todo el aparato del partido es puesto en movimiento para secundar las denuncias del líder. Pronto se pasa de las declaraciones a las acciones concretas: sacerdotes encarcelados, feriados católicos eliminados del calendario oficial, legalización del divorcio, supresión de la enseñanza religiosa.

La reacción de los católicos no se hace esperar; comienzan una efectiva campaña de panfletos y muestran su fuerza en las procesiones del Día de la Virgen y de Corpus Christi. El punto máximo de inflexión se da en junio de 1955 cuando aviones de la Marina bombardean la Casa Rosada (a plena luz del día), provocando cientos de víctimas civiles. Como respuesta, grupos peronistas incendian las principales iglesias de Buenos Aires. [esta acción va cargada de un simbolismo que trasciende la lógica del enfrentamiento]

“El problema de interpretación de este conflicto, pues, no es la falta de causas aparentes, sino una superabundancia de hipótesis” [Caimari: 470]. Aún teniendo en cuenta los innumerables incidentes y tensiones acumulados en diez años de compleja relación, es imposible encontrar un potencial conflictivo capaz de dar cuenta de semejante estallido.

El eje peronismo/antiperonismo (nueva grilla de interpretación) atraviesa todos los ámbitos de la vida pública y privada. Todo puede leerse en términos de apoyo o resistencia.

Por el 25-02-2010 Categoria: Historia Argentina (cs politica)

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